Muchas personas sienten que no saben orar o que no tienen tiempo. La buena noticia es que la oración es, ante todo, una relación: hablar y escuchar a Dios como a un amigo.
Empieza con poco. Cinco minutos al despertar o antes de dormir son suficientes para comenzar. Busca un lugar tranquilo, respira y ponte en presencia de Dios.
Puedes apoyarte en el Evangelio del día, en una reflexión breve o simplemente en el silencio. Lo importante no es la cantidad, sino la constancia y el corazón sincero.
Con el tiempo, esos pequeños momentos se convierten en un encuentro que da paz y sentido a todo lo demás. En KERIGMAPP encontrarás guías diarias para acompañarte en ese camino.